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Rapsodia Gourmet

6 Mar

A veces, cuando me acabo algún libro y no tengo qué leer, me paso por casa de mi hermana y le cojo alguno prestado. La última adquisición ha sido Rapsodia Gourmet, de Muriel Barbery. Tras leer La elegancia del Erizo (también de Muriel Barbery) me quedé con la curiosidad de este libro y, la verdad, me ha dejado con muy buen sabor de boca (nunca mejor dicho).

Como devora-libros que soy, cada vez que leo me sumerjo tanto en la historia que parece que la esté viviendo yo misma (seguro que a más de uno le pasa esto mismo). Pero, en este caso, además de sumerjirte en la historia, se te hace la boca agua…

Rapsodia gourmet describe los últimos momentos de un crítico gastronómico mundialmente conocido, Pierre Arthens, que en su lecho de muerte intenta encontrar el sabor, el plato, la sensación gastronómica de su vida. Empieza así un viaje en el que el crítico se pasea por los entresijos de su memoria gustativa, se sumerge en los paraísos de la infancia y rememora todo tipo de delicias culinarias. Seguro que cada uno de nosotros tiene un sabor particular marcado: una carne, un dulce, las lentejas de la abuela, el pan,… En cada capítulo, Pierre Arthens se pasea por su vida buscando ese sabor especial que quiere probar antes de decir adiós para siempre. Junto a la voz del propio Arthens se escucha la de aquellos que han vivido junto a él (algunos admirándolo, otros odiándolo): familiares, vecinos, amantes, e incluso su gato. El libro está lleno de grandes descripciones que rebuscan por dentro de la memoria del crítico y que hacen que, de esta forma, le vuelvan  los aromas y que mordisquee de nuevo: la carne, el pescado, el huerto, lo crudo, el pan, la granja, la tostada, el whisky, el helado, la mayonesa…. pero, ¿con qué sabor se quedará Pierre Arthens? Sin duda, eso ha sido una de las cosas que más me ha sorprendido del libro. Y, porsupuesto, no lo voy a desvelar.

¿Qué sabor resaltarías vosotros en vuestras vidas? Venga, yo me voy a mojar: me quedo con el pan acabadito de salir del horno y muy crujiente…

Me gustaría acabar esta entrada con un fragmento del libro, donde el crítico gastronómico explica la importancia de los 5 sentidos en la cocina:

“El que es cocinero sólo puede serlo plenamente movilizando sus cinco sentidos. Un manjar debe ser exquisito a la vista, al olfato, al gusto, por supuesto, pero también al tacto, que orienta la elección del chef en tantas ocasiones y desempeña su función en la fiesta gastronómica. Es cierto que el oído parece algo ajeno al asunto; pero no se come en silencio como tampoco en medio del estruendo; todo sonido que interfiere con la degustación participa de ésta o la contraria, de tal manera que el comer es sin lugar a dudas, un fenómeno quinesiológico”.